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APRENDIENDO A VIVIR EN CONTENTAMIENTO
DIEZ PRINCIPIOS QUE EDIFICAN FAMILIAS SALUDABLES – PARTE 10
Una encuesta reciente entre los adolescentes descubrió que el 93% de las adolescentes mujeres dijeron que su pasatiempo favorito era el de comprar en los centros comerciales. Un hombre me dijo, “Si mi esposa no va a comprar al centro comercial por lo menos tres veces a la semana, entonces le voy a enviar una tarjeta de felicitación porque se esta sanando.”
Hoy vamos a terminar la última lección de esta serie de los Diez Mandamientos. El décimo mandamiento dice así:
“No codicies la casa de tu prójimo: No codicies su esposa, ni su esclavo, ni su esclava, ni su buey, ni su burro, ni nada que le pertenezca.” Exodo 20:17
En los próximos 60 días vas a ser bombardeado con los catálogos y propaganda de la Navidad y no vas a escuchar la palabra codicia seguido pero si vas a ver muchos ejemplos de ella. Estas fiestas a las que ya estamos entrando es la estación de la codicia. Esta lección es muy apropiada para terminar esta serie de lecciones y entrar en la estación de las fiestas de la Navidad.
¿Qué es codicia?
CODICIA: Deseo INCONTROLADO de adquirir.
El deseo de adquirir, tener algo no es malo. Dios lo puso en nuestro ser. Dios hizo las ardillas y les puso el deseo de almacenar nueces. Dios hizo los pájaros y les dio el deseo de adquirir paja par construir sus nidos. Y Dios llenó el mundo de muchas clases de cosas maravillosas, buenas deseables y nos ha dado el deseo de adquirirlas. Eso no es malo. Pero todo deseo incontrolado (fuera de control) es un problema. Dios nos dice que hay ciertas cosas que están fuera de nuestros límites. Ellas no son para nosotros por lo tanto no debemos desearlas. Esas cosas nos harán daño, por lo tanto debemos controlar el deseo de adquirirlas.
Es difícil en nuestra cultura el vivir en contentamiento con lo que tenemos. En esta oportunidad quisiera que estudiemos los problemas y daños que causa el siempre desear más. La Biblia dice que hay cinco efectos específicos que suceden cuando no puedo controlar el deseo de tener más, el caer en la codicia.
I. El resultado de siempre querer más.
1. FATIGA
En el impulso de querer más y más (y nunca en la historia se nos ha empujado tanto como ahora de adquirir mucho tan rápido) trabajamos demasiado y aún a veces agarramos un segundo trabajo. Todos en la familia trabajan. Es la carrera materialista en donde todos los participantes están cansados.
“No te fatigues en adquirir riquezas, deja de pensar en ellas.” Proverbios 23:4
Es tonto el fatigarte tratando de conseguir riquezas.
2. DEUDA
“Donde abundan los bienes, sobra quien se los gaste; ¿y qué saca de esto su dueño, aparte de contemplarlos?” Eclesiastés 5:11
La codicia destruye los presupuestos. Pensamos que el problema es que no estamos ganando suficiente dinero. No, es que no estás ganando lo suficiente, sino es que tú quieres mucho. Muchas cosas que pensamos que son necesidades realmente son cosas que codiciamos. El americano corriente gasta $1,300.00 dólares en las tarjetas de crédito por cada $1,000.00 dólares que gana. Eso causa un balance negativo y que finalmente tendrá que pagar las consecuencias. Siempre cuesta más el tener más. Si el pasto es más verde en el jardín del vecino, yo te aseguro que también la cuenta del agua será mucho más alta también.
3. PREOCUPACIÓN
“El trabajador duerme tranquilo, coma mucho o coma poco. Al rico sus muchas riquezas no lo dejan dormir.” Eclesiastés 5:12
Cuando nos enfocamos en las cosas inevitablemente nos vamos a preocupar. Cuanto más tienes, más te vas a preocupar. ¿Cómo voy a proteger lo que tengo? ¿Cómo voy a salvar lo que tengo? ¿Cómo voy a invertir lo que tengo? ¿Cuánto me va costar el seguro? ¿Cómo puedo evadir algunos impuestos por las cosas que tengo? ¿Cómo puedo evitar el perder lo que tengo? Cuanto más tienes mas te preocupas. El trabajador común y corriente trabaja un día duro de labor, luego va a casa, mira televisión, se divierte con su esposa e hijos, y luego cae profundamente dormido. El hombre de negocios llega a casa con su maletín de trabajo, tiene que terminar el trabajo en casa, muchas veces se frustra, se va dormir y no lo puede hacer porque piensa en sus inversiones. Leí un estudio que dice que la pérdida del sueño aumenta proporcionalmente con el salario.
Si tienes ya las tres primeras: fatiga, deudas, preocupación, entonces se añade el cuarto efecto del deseo incontrolado de querer más.
4. CONFLICTO
“¿De dónde surgen las guerras y los conflictos entre ustedes? ¿No es precisamente de las pasiones que luchan dentro de ustedes mismos?” Santiago 4:1
El conflicto viene cuando siempre estamos deseando más. La causa número uno del divorcio es la tensión financiera. Conflictos sobre le dinero, sobre posesiones. Cuando tú tienes lo que yo deseo, entonces va a haber conflictos. Dios dice, no codicies la casa de tu prójimo, no codicies el trabajo de alguien más, ni su carro, ni su esposa(o). Dios dice no lo hagas.
5. INSATISFACCIÓN
“Quien ama el dinero, de dinero no se sacia. Quien ama las riquezas nunca tiene suficiente. ¡También esto es absurdo!” Eclesiastés 5:10
La traducción libre de la Biblia Viviente dice, “Es tonto el pensar que la riqueza da la felicidad.” Las cosas pueden traer satisfacción que no dura. La emoción pasa. Cuando recibes algo y estás abriendo el paquete piensas, “esto es muy bueno.” Pero un poco tiempo después ya no esta bueno como pensabas al abrir el paquete. Después de un tiempo te encuentras aburrido con los muebles o el carro que te compraste. ¿Por qué? ¿Por qué las cosas no te hacen feliz? Porque las cosas no cambian. A los seres humanos, aunque no lo crean, les gustas los cambios. Si las cosas no cambian nos aburrimos con ellas. Por eso es que tenemos las modas o les estilos. Porque las cosa no cambian nos aburrimos y por eso queremos tener algo nuevo. Cuando menos te das cuenta te encuentras remodelando, redecorando, reparando, reemplazando o por lo menos moviendo las cosas de lugar. Las cosas no dan la felicidad permanente. Me pregunto si algunos de ustedes todavía sigue emocionado con el regalo de Navidad que recibió el año pasado ¡Alguno de ustedes ni siquiera se acuerdan cual fue su regalo! Las cosas no dan la felicidad. Es una emoción temporal. Y la codicia es la razón número uno de insatisfacción en nuestro mundo.
¿CUÁL ES EL ANTÍDOTO PARA LA CODICIA?
El antídoto para la codicia es el contentamiento. Pablo dice así…
“Sé lo que es vivir en la pobreza, y lo que es vivir en la abundancia. He aprendido a vivir en todas y cada una de las circunstancias, tanto a quedar saciado como a pasar hambre, a tener de sobra como a sufrir escasez.” Filipenses 4:12
Subraye “he aprendido.” Contentamiento es algo que se tiene que aprender. No viene en forma natural. Por naturaleza no soy una persona complacida, ni tampoco lo son ustedes. No es automático. Tienes que aprender a ser una persona complacida, llena de contentamiento. Es un proceso de educación. Una de las formas que al aprendemos es dándonos cuente de los efectos negativos de siempre querer más.
II. Aprendiendo a Vivir en Contentamiento.
1. RESISTIENDO el compararme con los demás.
La comparación siempre lleva a la codicia.
“No nos atrevemos a igualarnos ni a compararnos con algunos que tanto se recomiendan a sí mismos. Al medirse con su propia medida y compararse unos con otros, no saben lo que hacen.” 2 Corintios 10:12
“No saben lo que hacen, “en otras palabras ¡es tonto hacerlo! Si te estás comparando tu mismo – casas, carros, trabajos, pareceres, vestidos- es tonto, no es sabio. Dios nos dice que eso sola trae insatisfacción.
¿Cómo reaccionas cuando ves a alguien con un carro nuevo del año? Dices, ¿“como quisiera tener ese carro” o te sientes gozoso de que ellos tengan su carro nuevo? ¿Cómo reaccionas cuando alguien tiene una casa muy bonita y más linda que la que tienes? Una de las grandes lecciones que puedes aprender, es el aprender a admirar sin tener el deseo de adquirir. No tengo que poseer todo para poder gozarlo. Aprende a admirar las cosas sin tener que comprarlas.
¿Por qué comparamos? La Biblia nos dice no lo hagas. Comparamos porque en nuestra sociedad la forma en que valoramos es de acuerdo a las posesiones. Somos inseguros. Siempre estamos mirando alrededor y preguntando ¿Cómo la estoy haciendo? Pensando siempre erróneamente que mi valor personal es igual que el valor neto de las cosas que poseo. Eso no es cierto. El valor neto de lo que tienes no tiene ninguna relación con tu valor personal. Puedes ser un millonario y ser la persona más horrible del mundo, o ser pobre y ser una persona maravillosa. No compares el valor de las cosas con el valor personal.
“Los que quieren enriquecerse caen en la tentación y se vuelven esclavos de sus muchos deseos. Estos afanes insensatos y dañinos hunden a la gente en la ruina y en la destrucción.” 1 Timoteo 6:9
Subraye “caen en la tentación.” Las cosas pueden controlarnos. Usted puede ser controlado por las cosas que posee si no se da cuenta. La gente sacrificará valores morales, su integridad, y toda clase de cosas para poder obtener más. Aún algunos sacrificarán sus relaciones personales para obtener un dólar adicional.
¿Han escuchado acerca de la dama que la ganó la lotería? Ella ganó 17 millones de dólares. Ella llamó a su compañero con el que vivía y le dijo, “He ganado la lotería. Ahora yo valgo 17 millones de dólares. Empieza a hacer las maletas.” El le dijo, “Qué bien, ¿qué quieres que ponga en las maletas, ropa de verano o ropa de invierno?” Ella le contestó, “No me importa lo que pongas en tus maletas, lo único que me importa es cuando llegue a casa tú ya no estés allí.”
2. REGOCIJÁNDOME con lo que tengo.
Aprende a apreciar lo que tienes y sé agradecido a Dios. Abre tus ojos. La Biblia dice…
“Asimismo, a todo hombre a quien Dios da riquezas y bienes, y le da también facultad para que coma de ellas, y tome su parte, y goce de su trabajo, esto es don de Dios.” Eclesiastés 5:19
Subraye “goce.” Lo que Dios nos dice es que todo lo que tienes es un regalo de Dios. Debes aprender a gozar y a estar agradecido por lo que Dios te ha dado. Si te pones a pensar, no tendrías nada si no fuera por la misericordia de Dios. Todo es un regalo de Dios.
Caemos en la trampa que yo llamo el pensamiento de Cuando y Entonces. Es cuando dices, “Cuando consiga _____________, entonces seré feliz.” Usted puede llenar la línea en blanco. Si está pensando así ¡está equivocado! ¡No! Usted estará satisfecho por un poco de tiempo pero no le durará porque algo va aparecer mejor, más grande que le va gustar y querrá obtener. Usted tiene que aprender a como cortar eso de su vida.
¿Qué es lo que estás esperando para ser feliz? Cuando me case entonces seré feliz. Cuando pueda salir de este matrimonio entonces seré feliz. Cuando tenga hijos entonces seré feliz. Tu serás feliz tanto como tú quieras serlo. Es tu decisión. Olvídate del pensamiento de Cuando y Entonces. La felicidad no es el adquirir todo lo que deseas. La felicidad es saber gozar lo que tienes. El hecho es de que Dios quiere que te goces de lo que tienes. El te ha mandado que goces lo que tienes. 2 Timoteo dice que Dios nos ha provisto en abundancia con todo para que nos gocemos. Dios quiere que goces lo que tienes. Dios se goza al ver que tu te gozas con lo que El te ha dado. Sabes, como padres nos gozamos cuando nuestros hijos se gozan con lo que les hemos dado. Así también Dios se goza mirándote cuando te gozas con lo que El te ha dado. Recordemos la Biblia nos dice…
“Vale más lo visible que lo imaginario.” Eclesiastés 6:9
3. COMPARTIENDO lo que tengo para ayudar a los demás.
Dios no solo desea bendecirte para tu propio beneficio, sino que El quiere que aprendas a compartir a ayudar con las bendiciones que El te ha dado. Dios está mirando cuanto compartes con los demás.
“17 A los ricos de este mundo, mándales que no sean arrogantes ni pongan su esperanza en las riquezas, que son tan inseguras, sino en Dios, que nos provee de todo en abundancia para que lo disfrutemos. 18 Mándales que hagan el bien, que sean ricos en buenas obras, y generosos, dispuestos a compartir lo que tienen. 19 De este modo atesorarán para sí un seguro caudal para el futuro y obtendrán la vida verdadera.” 1 Timoteo 6:17-19
Este es un versículo muy, pero muy importante. Primero, ¿A quienes está hablando? “A los ricos de este mundo.” ¿A quienes envuelve esta frase? Si tu vives en los Estados Unidos y/o eres americano eres rico. No importa si estás viviendo de la ayuda de beneficencia, si vives en Estados Unidos eres rico.
Comparando con los salarios del mundo, la gente que esta en este templo están con el salario que el 2% de gente solamente recibe en el mundo. Tú eres rico, no importa lo poco que recibes a la semana, tú eres rico porque vives en Estados Unidos. Este versículo está hablando a nosotros. Ahora la pregunta es, ¿Es posible ser rico y no ser materialista? ¡Sí! Es posible ser rico y no materialista. El materialismo es una actitud. Usted puede ser pobre y avaro o también rico y avaro. Usted puede ser pobre y vivir en contentamiento o rico y vivir en contentamiento. Lo que Dios nos enseña en este versículo es acerca de la actitud no la cantidad.
¿Cómo puedo ser rico y no materialista? Siguiendo las cuatro precauciones en este versículo. Si sigues estas cuatro precauciones puedes ser el hombre más rico del mundo pero no serás materialista. Veamos estas precauciones:
a. No te enorgullezcas de tu riqueza. No pienses que eres mejor que los demás porque tienes más dinero que ellos.
b. No pongas tu confianza en el dinero. No pongas tu confianza en el dinero para tu seguridad. La seguridad no está en la cuenta del banco. Tu seguridad está en Dios. Las cuentas del banco pueden perderse en un momento en millones de maneras. No confíes tu seguridad al dinero, no importa cuan mucho o poco tengas.
c. Usa tu dinero para hacer el bien. No lo malgastes. Si tienes bastante dinero no lo malgastes, úsalo para hacer el bien.
d. Da tu dinero con gozo. La Biblia nos dice que cuanto más recibimos más debemos dar. El dar es la cura de la enfermedad del materialismo, porque es lo opuesto. La raíz del materialismo es el obtener más y más para mí. Lo opuesto a esto es dar. Así pues, cada vez que doy a alguien, a un amigo, o doy mi diezmo, estoy rompiendo el lazo del materialismo en mi vida. Es como decir, “Yo puedo vivir sin esto.” Es una victoria espiritual cada vez que eres generoso.
Dios nos dice, haz estas cuatro cosas y estarás bien. Estás yendo bien. El beneficio que obtendrás es: “De este modo atesorarán para sí un seguro caudal para el futuro y obtendrán la vida verdadera.” La Biblia nos dice que cada vez que das con gozo, estás ahorrando en el cielo. Es como si estuvieras enviando tu riqueza al banco del cielo en donde Dios es el contador.
Esto me recuerda la historia del hombre que murió, llegó al cielo y vio a su mejor amigo manejando un Mercedes. El hombre le pregunto a San Pedro, “¿Qué es eso?” Pedro le respondió, “La transportación que tendrás en el cielo depende de cuanto tu diste en la tierra. Tu amigo fue muy generoso. El nos envió por adelantado y por eso el tiene ese Mercedes.” El hombre preguntó, “¿Y qué es lo yo voy a recibir?” Pedro le dijo, “Bueno, tú no fuiste muy generoso.” Y al decir esto le dio una motoneta de los años 50. El hombre estuvo triste por dos semanas, hasta que vio al pastor Ricardo que venía en un SKATEBOARD.
¿Qué es lo que estás enviando al cielo?
“…recordando las palabras del Señor Jesús: Hay más dicha en dar que en recibir.” Hechos 20:35
Si tú sabes y experimentas esto muy a menudo, esa es la marca la madurez espiritual. Si no lo sabes y no lo has experimentado todavía, esa es la marca de la inmadurez espiritual. Es emocionante, como padres, como nos sentimos cuando tus hijos han crecido hasta el punto de que se emocionan más cuando dan que cuando reciben. Esa es la marca de madurez.
En la vida cristiana esto es verdad también. Cuando tu te emocionas más acerca de lo que das que lo que recibes, eso es una marca de madurez. Cuando veo a mis hijos compartir el uno con el otro, como padre, mi corazón se complace y se goza. Cuando Dios te mira y ve que estás compartiendo lo que El te ha bendecido con otras personas que está en necesidad, su corazón se complace y se goza.
4. PONIENDO MIS OJOS en lo que dura por la eternidad.
Pon tu atención en los valores permanentes. Reorganiza tu vida alrededor de las prioridades espirituales.
“Así que no nos fijamos en lo visible sino en lo invisible, ya que lo que se ve es pasajero, mientras que lo que no se ve es eterno.” 2 Corintios 4:18
Todo lo que puedes ver es temporal. Nada de lo que ves va a perdurar. Todo lo que ves en el mundo eventualmente decaerá, oxidará, o gastará, o simplemente dejará de existir, porque las posesiones son temporales. Las únicas cosas que realmente perdurarán por la eternidad son las cosas que no puedes ver, como tu relación personal con Dios, tu relación personal con los demás, valores morales y espirituales, la verdadera libertad, cosas que no puedes ver.
Lo peo del materialismo es que empaña nuestra visión de Dios. Empezamos a pensar que todo lo que importa en la vida son las cosas, y eso es completamente equivocado. Hay mucho más en la vida que el solo adquirir cosas. Nuestra visión de la vida y de Dios queda distorsionada.
El Señor Jesús contó una historia acerca de esto una vez. El dijo que hubo un hombre muy exitoso en los negocios y que tenía unos graneros llenos de trigo y cosas, y que ese año su cosecha fue aún mayor. Entonces este hombre se dijo a sí mismo, “Ya sé lo que voy a hacer. Voy a construir graneros mucho más grandes.” Nunca se le ocurrió que podía compartir esa bendición. Nunca se le ocurrió ser agradecido a Dios con sus diezmos y ofrendas. Nunca se le ocurrió que podía haber otras cosas que él podría haber hecho con ese trigo en vez de guardarlo en graneros más grandes. Por eso Dios le dijo, “Tonto, …” El pensar que la vida es solo el tener más y más y subir la escalera económica es tonto. No vas a poder llevar nada de eso cuando te mueras. Algunos quizás podremos usar las cosas por 60 o 70 años. Y si dejas demasiado a tus hijos, probablemente eso y tu ejemplo arruinará la vida de ellos también. Entonces porque te estás golpeando la cabeza para obtener más y más. Hay mucho más en la vida que solo cosas. Lucas 12:15 dice…
“Absténganse de toda avaricia; la vida de una persona no depende de la abundancia de sus bienes.” Lucas 12:15
Nuestra sociedad de hoy nos dice, si tienes poco entonces vales poco. Eso no es verdad. La cruz nos dice, tú vales mucho.
Yo pienso que tenemos que examinarnos periódicamente y hacernos la pregunta, ¿Para qué estoy viviendo? ¿Es la meta primaria de mi vida el obtener más y más? ¿Esa es la única manera en la que evalúo mi vida, por medio de cuenta en el banco? ¿Qué es lo que siempre estoy pensando? ¿De qué es lo que siempre estoy hablando? ¿En qué gasto más mi tiempo? La felicidad no viene de las cosas, viene de conocer el propósito de tu vida. ¿Por qué Dios me hizo y por qué estoy aquí? ¿Qué quiere Dios que haga con mi vida? ¿A dónde iré cuando muera? Propósito.
Un funeral en Beverly Hills. Una viuda muy rica que tenía millones y millones de dólares murió y la gente fue a su funeral y estando alrededor del ataúd, con voz triste dijo, “Es muy triste. Ella tuvo mucho para seguir viviendo.” La persona que estaba a su lado dijo, “No. Ella tuvo mucho con que seguir viviendo, pero no tuvo nada para seguir viviendo.”
¿Para que está viviendo? ¿Sólo para tratar de conseguir más? Esa no es una meta muy buena. Te sugiero que reexamines tus prioridades y te preguntes, ¿Para qué estoy viviendo? ¿Qué va a suceder cuando muera? Todo lo que tengo entonces no me servirá de nada. Lo que yo haga ahora aquí en la tierra con lo que tengo haciendo el bien me servirá después de la muerte.
Quiero retarte a que retes el mito de el tener más te va hacer feliz. Cada uno de nosotros tiene que hacer una decisión, ¿el estilo de mi vida va ser determinado por la cultura de hoy o por el Señor Jesucristo, por la bolsa de valores de Nueva York o por Jesús? ¿Qué es más importante?
Si quieres romper el yugo del materialismo en tu vida, el comprar cosas que no necesitas con dinero que no tenemos, te suplico sigue estos cuatro pasos. ¡Amén! ¡Qué Dios te bndiga!